Una conversación con Corresponsables sobre la evolución de la Sostenibilidad, lo que hemos aprendido y, sobre todo, todo lo que todavía nos queda por transformar
Hace unos días tuve la oportunidad de sentarme a conversar con Corresponsables con motivo de su 20º aniversario.
Y la entrevista me obligó a hacer algo que no hacemos demasiado a menudo: mirar hacia atrás.
Mi trayectoria en Sostenibilidad comenzó en 2001, casi por casualidad, en un momento en el que aquello que hacíamos todavía no se llamaba Sostenibilidad y en el que las siglas RSE necesitaban explicación cada vez que entrabas en una sala.
Han pasado 25 años.
Y cuando pones cierta distancia, resulta impresionante comprobar cuánto ha cambiado nuestra profesión.
De los códigos de conducta a la estrategia empresarial
En aquellos primeros años hablábamos fundamentalmente de códigos de conducta, condiciones laborales y de cómo comprobar qué estaba ocurriendo en fábricas situadas a miles de kilómetros.
En mi caso, fueron precisamente aquellas primeras visitas a fábrica las que cambiaron mi manera de entender la responsabilidad de las empresas.
Porque una cosa es hablar de una cadena de suministro sobre un papel y otra muy distinta verla.
Cuando comprendes cómo se fabrica un producto, quién lo hace y en qué condiciones, la responsabilidad empresarial deja de ser un concepto abstracto.
Se vuelve tremendamente tangible.
Hoy el escenario es completamente diferente.
Hablamos de ESG, CSRD, ESRS, diligencia debida, taxonomía, derechos humanos, cambio climático, biodiversidad o transición justa.
El dato ESG se verifica. Los inversores preguntan. La banca pregunta. Los Consejos de Administración preguntan.
Y la Sostenibilidad, por fin, forma parte de la conversación estratégica de las organizaciones.
Es un avance enorme.
Pero también nos plantea un nuevo riesgo.
Cumplir no puede sustituir a transformar
Durante estos años hemos ganado muchísimo en metodología, datos, técnica, regulación y exigencia.
Era necesario.
Pero creo que debemos tener cuidado con que toda esa sofisticación no nos haga olvidar por qué empezamos a hacer esto.
La Sostenibilidad no debería convertirse simplemente en una lista de obligaciones que debemos cumplir.
Porque podemos tener indicadores impecables.
Podemos publicar informes extraordinarios.
Podemos disponer de procedimientos, políticas y cuadros de mando.
Y, aun así, no haber cambiado realmente nuestra manera de hacer las cosas.
Para mí, ese es uno de los grandes desafíos que tenemos ahora por delante:
no confundir cumplimiento con transformación.
Algunas cosas que 25 años trabajando en Sostenibilidad me han enseñado
Durante la entrevista con Corresponsables me preguntaron qué aprendizajes me llevaba después de todos estos años.
Hay muchos, pero probablemente destacaría tres.
El primero: la Sostenibilidad necesita estar donde se toman las decisiones.
Si no tiene voz cuando se habla de estrategia, compras, inversiones, producto, operaciones o personas, difícilmente podrá transformar una organización.
El segundo: esto no se hace en solitario.
Los avances más importantes que he vivido profesionalmente siempre han sido colectivos.
Empresas, proveedores, trabajadores, sindicatos, administraciones, organizaciones sociales, universidades, competidores…
Y curiosamente, muchas veces quienes más te exigen son también quienes más te enseñan.
El tercero: hay que aprender a tener paciencia.
Las transformaciones reales necesitan tiempo.
No como excusa para no avanzar, sino porque cambiar organizaciones, cadenas de suministro y modelos empresariales exige algo más que aprobar una política.
Exige cambiar comportamientos.
Y eso nunca ocurre de un día para otro.
La siguiente etapa de la Sostenibilidad
También hablamos del futuro.
Y soy optimista, aunque existen motivos para estar atentos.
La adaptación al cambio climático, la biodiversidad, el salario digno, la transición justa o la transformación de las cadenas de suministro van a ocupar una parte importante de la conversación durante los próximos años.
También tenemos delante herramientas que hace apenas una década habrían parecido ciencia ficción.
La Inteligencia Artificial, el pasaporte digital de producto, una trazabilidad mucho más profunda o nuevas formas de medir impactos pueden ayudarnos a alcanzar niveles de transparencia que hasta ahora eran prácticamente imposibles.
Pero ninguna herramienta sustituirá algo que considero esencial.
La voluntad de transformar.
Porque después de 25 años sigo pensando que la Sostenibilidad empieza exactamente en el mismo lugar: en las decisiones que toma una organización y en las consecuencias que esas decisiones tienen sobre las personas y el planeta.
Veinte años de Corresponsables y una profesión que también se ha hecho mayor
Esta entrevista tenía además un significado especial para mí.
Conocí Corresponsables durante sus primeros años, cuando empezábamos a publicar las primeras memorias de Sostenibilidad y todavía costaba encontrar espacios donde hablar de estos temas más allá de una crisis o un escándalo.
Durante estas dos décadas han contribuido a crear algo especialmente importante: comunidad y ecosistema alrededor de la Sostenibilidad y la responsabilidad empresarial.
Por eso me hizo especial ilusión participar en su 20º aniversario y aprovechar la conversación para recordar de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde creo que deberíamos dirigirnos.
Porque conocer la historia de nuestra profesión también importa.
Nos ayuda a entender cuánto hemos avanzado.
Y, sobre todo, evita que pensemos que el trabajo ya está hecho.
Gracias a Marcos González, Ricardo Martín y a todo el equipo de Corresponsables por contar conmigo para formar parte de este aniversario.
Y gracias por permitirme detenerme durante un rato y mirar estos últimos 25 años con perspectiva.
Ahora toca seguir mirando hacia delante.
Os invito a leer la entrevista completa en Corresponsables.